Joseph C. Brandt, vicepresidente ejecutivo de AES Corporation
El ejecutivo se queja por la demora del Gobierno en autorizar un aumento de tarifas y sostiene que algunos podrían pagar más

Opina que los sectores exportadores están en condiciones de afrontar subas inmediatas en sus facturas de energía

  • Su empresa tiene diez plantas de generación eléctrica en la Argentina
  • Distribuye electricidad en la provincia de Buenos Aires mediante Eden, Edes y Edelap
  • Invirtió US$ 1000 millones en los últimos 10 años
Joseph Brandt es conocido por el tono contundente de sus opiniones. Lejos de la diplomacia, el vicepresidente ejecutivo de una de las mayores empresas de energía del mundo, AES Corporation, no anda con vueltas a la hora de calificar. Fue uno de los empresarios que se reunieron con el presidente Néstor Kirchner el 24 de julio último en Nueva York, durante la gira que el primer mandatario realizó en los EE.UU. AES es el tercer inversor del sector eléctrico de la Argentina, detrás de Electricité de France (Edenor) y de la española Endesa (Edesur). Da electricidad a más de 700.000 clientes en la provincia de Buenos Aires a través de Edelap, Eden y Edes. En generación, opera AES Alicurá, en Río Negro; El Tunal, Cabra Corral y TermoAndes, en Salta; Quebrada de Ullum y Sarmiento, en San Juan, y San Nicolás y Central Dique, en la provincia de Buenos Aires. El holding arrastra una deuda de 750 millones de dólares, toda en default.
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-¿Cuál fue su impresión del encuentro con el presidente Kirchner?
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-Yo entré con expectativas bastante bajas, y no me decepcionó: fue una reunión rayana en lo absurdo. Había representantes de todas las empresas con fuertes inversiones en la Argentina: energía, electricidad, telecomunicaciones, bancos, que hace dos años buscamos un interlocutor. Y él no estaba dispuesto a discutir nada: pasó gran parte del tiempo hablando de la belleza de las ovejas patagónicas. Había una esperanza natural cuando asumió Kirchner. Se esperaba que las cosas fueran distintas, al menos para el sector eléctrico. Pero él siguió la línea del presidente Eduardo Duhalde: no sólo de no encarar los problemas de las empresas de infraestructura, sino también de utilizarnos como parte de su plataforma política para demonizar a nuestras empresas y generar una reacción populista contra las privatizaciones.
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- ¿Evaluaban que el escenario podía ser distinto si ganaba Carlos Menem?
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-Sí, habría sido diferente. Yo no soy idóno y no me quiero meter a analizar la política local, es un tema muy emocional para los argentinos. Pero sólo basándonos en lo que él decía, estaba claro que reconocía que la Argentina estaba poniendo en peligro su lugar en la comunidad internacional al darles la espalda a los inversores extranjeros, que habían puesto su dinero en el país y en cuyas manos se apoya la infraestructura de la Argentina.
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- Según los últimos balances, perdieron plata en cinco de los últimos seis trimestres. Sólo en el último perdieron US$ 130 millones, y algunos analistas señalaron que se debe a las inversiones en Brasil y en la Argentina. ¿Fue un error del management haber invertido tanto en estos mercados?
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-Por supuesto, no hay ninguna duda al respecto. Nosotros no necesitábamos tener una inversión tan pesada en la región. Podríamos haber balanceado más en todo el mundo, en cada mercado. Ahora la pregunta es: ¿cómo darles valor a estas inversiones? La respuesta es que no nos estamos yendo, no estamos abandonando nuestras inversiones. No vamos a poner dinero fresco en el país, pero no nos vamos.

- Están en los dos extremos del servicio eléctrico: en generación y distribución. ¿Cuál es la situación en cada mercado?

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-En generación es muy simple. Cuando se privatizó, la Argentina pretendía tres cosas: bajar los precios, aumentar la capacidad de generación y sumar tecnología nueva y no contaminante. Y todo eso se logró. Por eso la solución para el mercado mayorista es volver a la ley 24.065. No decimos aumentar los precios en forma antinatural sino trazar un camino de recuperación de precios de la energía para volver a la ley. En la distribución, la solución es más complicada, porque las distribuidoras les venden a los votantes. Y los votantes también se acostumbran a los precios muy bajos. Y el peligro entonces será que tenemos un país donde los votantes se están acostumbrando a pagar menos que cualquiera en el resto del mundo. La respuesta es dialogar, negociar y encontrar un cronograma para aumentar los precios al usuario final en un lapso que no sea políticamente volátil pero que a la vez les permita a las empresas recuperarse. También hay otros componentes, no se trata sólo de aumentar los precios, sino de ver cómo se recuperan las pérdidas de antes del 2002, en donde se rompieron todos los contratos de concesión.
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Cuando los ingresos se han visto reducidos en un 80% y la deuda y los costos siguen en dólares, uno no puede darse el lujo de invertir. Eso hay que revertirlo. Hay que saber que siempre alguien paga por el servicio: si lo toma el Estado, se pagan más impuestos. Si lo hacen las empresas privadas, se pagan más altas las tarifas. Siempre hay alguien que paga, aunque el juego de los políticos sea que la gente no se dé cuenta de quién.
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- Pero aunque el Gobierno les permita una suba, los usuarios no pueden pagar una tarifa dolarizada
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-Sí (ríe), los exportadores podrían. Nosotros estamos subsidiando a los exportadores, que venden en dólares con la electricidad pesificada. Estamos subsidiando todos los aspectos de la economía en estos momentos.
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- AES fue de las primeras en demandar a la Argentina en los tribunales internacionales por incumplimiento de contrato. ¿Cuánto reclaman y en qué estado se encuentra la demanda?
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-La demanda es por mil millones de dólares. Estamos ya en las audiencias preliminares con la comisión de arbitraje del Ciadi (organo del Banco Mundial). El Gobierno ha criticado mucho nuestra decisión de seguir adelante con el reclamo. Incluso nos han amenzado con no hablar con nosotros si seguimos adelante con nuestro reclamo. Pero no hay otra decisión que podamos tomar, porque el Gobierno no nos está hablando, de todos modos.
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- En caso de que avanzaran las negociaciones con el Gobierno, ¿evaluarían retirar la demanda? ¿Se puede interrumpir el proceso?
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-En este momento, con respecto a la Argentina, tenemos dos tipos de inversión: una, en el sector energía. Y otra es este juicio soberano contra el país. Nosotros preferiríamos continuar con las inversiones en electricidad, antes de seguir con este reclamo. Pero necesitamos algo más que promesas porque el Estado ya rompió sus promesas. Creo que lo que va a pasar es que para aquellos que han insistido en sus reclamos, y que están muy avanzados, va a ser muy difícil desistir en funcion de promesas de que las cosas van a mejorar.

Por Josefina Giglio
De la Redacción de LA NACION

LA NACION | 10.08.2003 | Página 07 | Economía