Los ocho meses de gestión de la ministra Giannettasio
Este año, Educación no compró un solo libro
También, se redujeron los programas de capacitación docente y casi no se hizo material didáctico para los sectores postergados
  • Especialistas y funcionarios provinciales dicen que el ministerio no cumple varias de sus funciones centrales
  • Y que se priorizó el asistencialismo por sobre lo educativo
El Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, que conduce Graciela Giannettasio, está prácticamente parado. Por lo menos en lo que hace a su misión central.
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En uno de los peores años de la historia del país, que por la gravedad de la crisis social probablemente esté empujando a muchos chicos a abandonar el colegio, tiene un perfil bajísimo.

Se repartieron becas y dinero para comedores escolares. Pero, por primera vez en casi una década, no se compraron libros para las escuelas más pobres, prácticamente no se produjo material pedagógico para ser usado por maestros y alumnos y se redujo al mínimo la capacitación docente. Compensar desigualdades en la enseñanza entre las distintas provincias es parte de su función central, pero las políticas de la actual gestión se vuelcan de lleno al asistencialismo más que a lo educativo, según se desprende de una investigación que realizó LA NACION a través de especialistas consultados, un análisis del presupuesto y fuentes del Palacio Pizzurno y de ministerios provinciales.

Eso no es todo. Los números dicen que casi uno de cada cinco pesos gastados hasta fines de agosto en educación básica -según datos de la Secretaría de Hacienda- se consumió en la estructura burocrática del ministerio.
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Incluso, cuatro de cinco ministros de Educación provinciales, de distintos partidos políticos, se quejaron de que -con algunas excepciones- no se enviaron los fondos prometidos para formación docente y directivos y que los materiales pedagógicos (revistas, libros y cuadernillos para educadores) llegaron con cuentagotas, según comprobó LA NACION en la investigación.
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El manejo de fondos
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El sistema es sencillo: hay un presupuesto y, sobre esa base, el ministerio define cómo distribuye los fondos.
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Educación cuenta este año con $ 2400 millones (aunque, seguramente, por la crisis, la repartición no pueda disponer de todo el dinero). En los planes, más de $ 1800 millones deberían ser girados a las universidades nacionales. Los restantes $ 600 millones tendrían que utilizarse en educación básica, como complemento del financiamiento provincial. Es decir, las provincias mantienen el sistema educativo y la Nación se encarga de compensar las desigualdades entre las regiones.

Esa compensación se traduce en becas, material didáctico, capacitación docente y mantenimiento de edificios, entre otros ítem. Sin embargo, un exhaustivo análisis permite comprobar que las acciones compensatorias de la actual gestión pierden puntos frente a los gastos en burocracia y tareas asistencialistas que le competerían a otras áreas del Gobierno.

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En estos ocho meses hubo personal disponible para llevar adelante acciones en enseñanza básica. Y también hubo fondos. ¿Qué sucedió entonces?
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Según datos oficiales de Hacienda, del presupuesto 2002, de los $ 138 millones que el ministerio lleva gastados en educación básica (primaria, secundaria y terciaria no universitaria), casi el 20% ($ 26 millones) fue devorado por el funcionamiento -personal y edificio- del Palacio Pizzurno. La cartera tiene hoy 2139 empleados. De ellos, 1048 son contratados, heredados de la gestión anterior (a muchos se les renovó su contrato).
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Poca acción
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Por lo visto, empleados no faltan. Pero, desde hace meses, muchos de ellos tienen la sensación de que están "inactivos", según fuentes inobjetables consultadas por LA NACION. Lo dicen por lo bajo; prefieren no hablar por temor a ser despedidos. De hecho, hay varios programas que pagan sueldos de personas que hoy no tienen mucho para hacer, porque su ejecución está suspendida, según fuentes consultadas.
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Hay otras acciones, no menos importantes, que van a paso lento: por ejemplo, el ministerio se retrasó varios meses en el relevamiento de datos estadísticos (cantidad de alumnos matriculados y que repiten, docentes, escuelas) que se hace todos los años. Especialistas destacan que estos datos son clave para establecer políticas para el sector.
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¿Qué hizo entonces Giannettasio hasta fines de agosto? Según datos oficiales de la Secretaría de Hacienda -incluidos en el recuadro de abajo-, la mayor parte de las acciones se tomó ya comenzado el segundo semestre del año. Hubo, así, poca acción durante los peores momentos de la crisis.
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Ante al abultado número de clases perdidas en varias provincias -80 días en San Juan, más de 40 en Entre Ríos y 35 en Río Negro-, el ministerio sólo envió equipos técnicos para redactar un documento, y anunció el envío de fondos para destrabar conflictos gremiales, se quejó un ministro.
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Otra prueba del alicaído ritmo fue la casi inexistente aparición pública de Giannettasio para explicar qué está realizando su equipo. En este tiempo la funcionaria hizo sólo dos conferencias de prensa, una de ellas para anunciar un mismo plan nacional por segunda vez.
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En ocho meses de gestión, sólo convocó a los ministros provinciales de Educación a tres reuniones del Consejo Federal, una de ellas, de apenas media hora. ¿Para qué sirven, en teoría, estos encuentros? Para que los ministros planteen las necesidades de sus zonas y buscar acuerdos para solucionar los problemas más urgentes.
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Todos los especialistas consultados coinciden en que las dificultades presupuestarias son reales. Pero, dicen, el ministerio no está cumpliendo su función central. "Debería ser el resguardo de la calidad del sistema educativo -dijo a LA NACION una ex funcionaria de Educación consultada por LA NACION-. Pero, por ahora, no hay en esta gestión una vocación por presionar al sistema al cambio."

Por Amalia Eizayaga
De la Redacción de LA NACION

LA NACION | 12/09/2002 | Página 13 | Cultura